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Laboratorio en Casa: La cocina de Carolina Yáñez

“Si yo lo pienso, la cocina es como un laboratorio. Tener bien equipado tu laboratorio es tener bien equipada tu cocina, para que puedas hacer todas las cosas, para que el experimento funcione”.

23/03/2026

Entre investigaciones en microbiología de suelos y la dirección del Magíster en Ciencias Microbiológicas de la PUCV, Carolina Yáñez, encuentra en su cocina un espacio de experimentación, relajo y afecto. Un lugar donde los protocolos se cambian por recetas y el resultado más importante no se mide en datos, sino en sonrisas.

Fuera de la academia, es amante de los restaurantes, la comida italiana, francesa, mexicana e india. Plato favorito que ha probado: pato a la naranja, típico francés. Más allá de degustar, ella también tiene sus propios menús insignes. Aclamado, “el pollo que hago al horno, adobado con jengibre, aceite de oliva, salsa de soya y otras especias, acompañado con una salsa de cilantro, es el que más me piden. Mis hijos lo adoran”.

La profesora del Instituto de Biología habla de cocina como habla de ciencia. No es casualidad. Para ella, ambos mundos se parecen más de lo que muchos imaginan. “Cuando preparo las verduras o los ingredientes, es como si estuviera armando los reactivos. Después, al cocinar, haces el experimento. Y cuando pruebas… ves el resultado”.

La comparación no es solo una metáfora simpática. Es una forma de entender su hobby con la misma rigurosidad y curiosidad que su trabajo académico. Por eso invierte en buenos cuchillos, en condimentos específicos y en todos los utensilios necesarios. “Si yo lo pienso, la cocina es como un laboratorio. Tener bien equipado tu laboratorio es tener bien equipada tu cocina, para que puedas hacer todas las cosas, para que el experimento funcione”.

Recetas con historia

Su relación con la cocina viene de mucho antes de la academia. De la infancia, de su madre, de su abuela. “Yo acompañaba a mi mamá en la cocina, y mi abuela también era buenísima. Ese gustito por la comida viene de ahí”.

Con los años, ese interés se transformó en algo más profundo. No solo cocina: estudia, busca, prueba. Tiene libros, ve programas, toma cursos. Durante la pandemia, ese interés se intensificó. “Hice cursos online, de comida dulce, de comida india, cociné muchísimo. Me acuerdo que pasaba toda la mañana cocinando para que se lo comieran en cinco minutos”, dice entre risas.

En sus palabras, no importa el tiempo invertido, lo importante es la reacción. “Que digan ‘qué rico’, con eso soy feliz”. Y los más contentos son sus seres queridos que disfrutan la comida.

La familia como mejor público

En su casa, la cocina no es un espacio solitario. Es compartido, observado, comentado. Sus hijos participan, prueban, opinan. Uno mira con curiosidad, otro disfruta cada bocado. “El más chico es mi catador. Está siempre preguntando, probando, disfrutando”. Y en ese intercambio cotidiano, Carolina encuentra el verdadero sentido de su hobby. “Yo lo hago con cariño, y que la gente lo disfrute, eso me llena”.

Incluso ha comenzado a escribir sus recetas, como si fueran protocolos científicos. Un legado familiar. “Estoy armando el paso a paso para dejárselas a mis hijos. El protocolo del experimento”, comenta con humor.

Lo que pudo ser y lo que viene

Aunque su camino profesional fue la ciencia, la cocina siempre ha estado ahí, como una posibilidad latente. “Si hoy tuviera que elegir de nuevo, con las oportunidades que a la fecha existen, quizás me habría inclinado por ser chef”, reflexiona.

No era una opción tan clara en su momento, pero el interés nunca desapareció. De hecho, lo proyecta hacia el futuro. “Uno de mis sueños es que cuando me jubile pueda hacer algún curso, aprender más técnicas”.

Por ahora, el equilibrio está logrado: laboratorio en la universidad, laboratorio en casa. En ambos espacios hay método, curiosidad y dedicación. Pero solo en uno hay aplausos inmediatos, platos vacíos y un “qué rico” que vale más que cualquier resultado.

Facultad de Ciencias PUCV