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La batería que nunca se agota

"Creo que siempre hay que entender a las personas como una confluencia de muchas dimensiones. No somos solo trabajo. Hay mucho más allá".

15/07/2026

Boris Padilla es académico del Instituto de Física de la PUCV, pero basta cruzar la puerta de su casa para encontrarse con otra faceta: la del niño que se enamoró de la percusión escuchando cumbias junto a su abuelo, el adolescente que insistió hasta conseguir su primera batería y el músico que, entre bandas de todo tipo de estilos, encontró una forma distinta de desconectarse del mundo.


De la feria a los escenarios

Todo comenzó mucho antes de saber qué era la física. "Siempre me llamó la atención la percusión", recuerda. Su abuelo escuchaba Radio Festival y las cumbias sonaban de fondo mientras él intentaba seguir el ritmo con cualquier superficie que encontrara.

El verdadero flechazo ocurrió a los 14 años, cuando tocó una batería por primera vez en la casa de un compañero. "La primera canción que aprendí fue Corazón Desilusionado de Machuca". Ahí, dice, "se me metió el bichito". Luego de insistirle hasta el cansancio a su padre, consiguió su amado primer instrumento. El espacio para instalarlo era mínimo pero suficiente, una pieza donde convivían la cama, un escritorio y la primera joyita, la Maxtone.

Los ensayos de los sábados en la mañana no pasaban inadvertidos. Al principio, los vecinos reclamaban constantemente por el ruido. Luego, su música pasó a ser parte del sonido ambiente. "Mi mamá iba a la feria que quedaba al lado de mi casa y los feriantes le decían 'oiga, cómo ha mejorado su hijo'".

Con algunos amigos formó Spektrum, la primera banda, donde mezclaban Metallica, Iron Maiden y Machuca. "Éramos bien poco prolijos", admite entre risas. "Pero daba lo mismo. La idea era pasarlo bien". El mayor logro fue tocar en una presentación organizada por la UPLA.

Más tarde llegó Killers, un tributo a Iron Maiden que cambió completamente el nivel de exigencia. "Ahí pasé de cero a cien". Ensayos rigurosos, escenarios más grandes que lo llevaron a entrar en la escena porteña.

Con su segunda batería, una Mapex que pudo comprar cuando ya trabajaba y hacía ayudantías., vinieron proyectos como Berserk, donde mezclaban música con escenografías, luces y espectáculos de fuego, y más tarde Actitud Cortopunzante, una banda que lo sacó completamente de su zona de confort. "Pasé del metal a la cumbia", cuenta. "Fue aprender otro lenguaje completamente distinto".

Esta banda tenía canciones propias, algunos covers, pero principalmente eran temas de Damas Gratis y otros grupos, pero con “una letra, así como más revolucionaria”, comenta. Ya a sus 26 años, fuera de la universidad, la vida musical comenzaría a tomar otros rumbos. 

La música de la física

Aunque durante años parecían dos mundos separados, en algún momento la música terminó entrando al aula. El sonido tiene una explicación física. El tamaño de un tambor, la frecuencia o la longitud de onda dejaron de ser conceptos abstractos cuando decidió incorporarlos en sus clases.

Inspirado por un profesor de la UPLA, creó junto a sus estudiantes el Festival Intergaláctico de la Canción Física. El desafío era tan simple como entretenido: inventar un instrumento para explicar fenómenos relacionados con ondas y sonido. "Era una forma distinta de aprender", recuerda.


La batería no se agota

Hoy ya no tiene una banda ni ensayos todas las semanas. Cambió la batería acústica por una electrónica para no molestar a los vecinos y reconoce que toca mucho menos que antes. "No ha desaparecido de mi vida", dice. "Está ahí, adornando el paisaje".

La usa cuando termina una semana intensa, cuando empiezan las vacaciones o simplemente cuando necesita despejar la cabeza. A veces siente nostalgia de aquellos años de tocatas, pero no tristeza. "Lo asumo como algo que puede ir y volver, porque siempre ha sido así". Y quizás esa sea la mejor definición de su relación con la música. No necesita un escenario para seguir siendo baterista.

Antes de terminar la conversación, Boris deja una reflexión que también resume el espíritu de esta sección. "Creo que siempre hay que entender a las personas como una confluencia de muchas dimensiones. No somos solo trabajo. Hay mucho más allá”. En su caso, ese "mucho más" sigue sonando cada vez que se sienta frente a la batería y deja que, por un rato, el ritmo le gane a las ecuaciones.

Facultad de Ciencias PUCV