Opinión: "Inflación y resultados de la banca"

Por Enrique Marshall, director Magíster en Banca y Mercados Financieros PUCV. Publicada en Diario Financiero (11.05.2022)

Comenté en una columna anterior sobre los estragos que está produciendo la inflación. Estos son múltiples, pero en esta oportunidad quisiera detenerme en uno de ellos, cual es su impacto sobre los resultados de la banca.

Se sabe bien que la inflación es mala para todos -hogares, empresas y bancos-, porque altera el funcionamiento de la economía, distorsiona precios y señales económicas, provoca efectos redistributivos indeseados y reduce las perspectivas de crecimiento.

Sin embargo, en el corto plazo puede generar efectos aparentemente positivos para algunos grupos o sectores de actividad. Aquellos que ven subir sus precios o remuneraciones más rápidamente que el resto, perciben o, mejor dicho, mal perciben una pequeña ventaja, aunque ésta se revierta o esfume rápidamente.

Pero, detengámonos en el sector bancario. La aceleración brusca y/o inesperada de la inflación, como la ocurrida en el último tiempo, tiende a abultar sus ganancias. Lo contrario ocurre cuando la inflación se desacelera abruptamente o es negativa, como ha ocurrido en más de una oportunidad en el pasado. Estos movimientos se relacionan muy directamente con la naturaleza de sus actividades y, sobre todo, con la estructura de sus activos y pasivos.

En Chile, los bancos tienen una fracción importante de sus activos en UF, los que están bien protegidos de la inflación. Pero, no solo eso, tienen normalmente más activos que pasivos en UF, lo que genera un efecto positivo cuando la inflación se acelera inesperadamente y uno negativo cuando ocurre lo contrario.

Adicionalmente, los bancos mantienen, entre sus pasivos, depósitos a la vista por los que habitualmente no pagan intereses, pero que pueden ser invertidos en varios usos y generar ingresos, aunque éstos representen solo compensación por la inflación pasada. Como resultado, sus beneficios tienden a crecer cuando la inflación va al alza y se reducen cuando esta va a la baja.

Por su parte, las normas contables en aplicación, al no contemplar la corrección monetaria, como ocurría décadas atrás, tienden a engrosar los resultados en un contexto de inflación alta e inesperada. Una publicación reciente de la Asociación de Bancos ilustra bien este punto, al señalar que la rentabilidad real o efectiva del sector se reduciría significativamente, del 18% al 10%, si se hicieran los ajustes o correcciones que corresponden.

De este análisis fluyen al menos dos conclusiones importantes. Una es que la correcta interpretación de las utilidades de los bancos debe ser efectuada con una perspectiva de mediano plazo, restando el impacto de cambios bruscos en la dinámica inflacionaria. El otro es que las actuales normas contables pueden conducir a distorsiones en los estados financieros cuando la inflación alcanza niveles de dos dígitos, como los observados actualmente.

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