PUCV participa en estudio internacional sobre la familia y pobreza en tiempos de conflicto social y coronavirus

El Programa de Ciencias para la Familia de la Facultad Eclesiástica de Teología lidera una investigación convocado por el Vaticano para analizar a la familia en su condición de sujeto económico, educativo, promotor de ciudadanía activa y de protección de los lazos intergeneracionales.

08.06.2020

La Pontificia Universidad Católica de Valparaíso es la única institución chilena convocada por el Observatorio Internacional de la Familia para participar del proyecto de investigación “Familia y Pobreza Relacional”, a través de la Facultad Eclesiástica de Teología de nuestra Casa de Estudios.

“En 1987 el Papa Juan Pablo II dijo en su visita a Chile que los pobres no podían esperar. Aunque la superación de la pobreza ha pasado de un 40% a un 7% en 30 años, los frutos del modelo de desarrollo no han logrado descender a esferas de la población que se autoperciben como carentes de los beneficios del crecimiento económico”, informó Juan Pablo Faúndez Allier, director del proyecto y quien también encabeza el Programa de Ciencias para la Familia, en la mencionada Facultad.

El equipo, compuesto por 11 académicos de distintas áreas del conocimiento, entregó en abril de 2020 el primer informe del estudio, en tres partes, de 250 páginas. La primera presentación mundial - “Familia y Pobreza Relacional”- se ofrecerá durante el mes de junio; y la segunda, para la cual ya se está trabajando -“Familia y Pobreza Económica”-, está prevista para mayo del 2021.

“Esta es la primera parte de un proyecto que en esta fase preliminar cuenta con equipos de investigación en Benín, Kenia, Qatar, Estados Unidos, India, España, Italia, Finlandia, República Checa, México y Chile. A contar del año incorporarán más países, persiguiendo responder a nuevos enfoques que vinculan a la familia como sujeto social”, agregó el académico.

Esta iniciativa que se inició en 2019, es promovida por el Instituto Teológico Juan Pablo II para el Matrimonio y las Ciencias de la Familia de Roma, junto con la Universidad Católica de Murcia y el Centro Internacional de Estudio de la Familia de Milán.

POBREZA EN CHILE

A pesar de que el ingreso percápita en este país llega a los US$25,8 mil, el 1% de la población concentra el 26,5 % de la riqueza y el 66,5 % reúne sólo el 2,1%, lo que posiciona a Chile como el séptimo país más desigual del mundo.

La línea de la pobreza por hogar es de US$ 437 en circunstancias que el sueldo mínimo bruto en el país es de US$ 372, cifra que ante las movilizaciones sociales del año 2019 ha sido incrementada por el gobierno a US$ 433, considerando un subsidio de US$ 60 para lograr esta cantidad.

“Ahora, por temor a perder su trabajo y su sueldo, los que trabajan sin contrato ni honorarios fijos (40% de la fuerza laboral del país) deben continuar haciéndolo para satisfacer sus necesidades familiares, con la consiguiente exposición al contagio por coronavirus. Lo mismo ocurre con una gran parte del 50% de la población que gana US$495. Son personas que deben usar el transporte público para trasladarse a sus lugares de trabajo, dificultándoseles su cuidado personal y el cuidado colectivo”, explicó Faúndez.

Como consecuencia de la paralización económica, se pasó a un caos social, donde hasta febrero de 2020, antes de la llegada del coronavirus, más de 376 mil chilenos habían perdido su trabajo.

Asimismo, en las familias chilenas ha aumentado el endeudamiento y quienes cuentan con acceso a la educación privada, de mayor calidad que la pública, profundizan y perpetúan la brecha económica.  

“En Chile se ha avanzado en los últimos 30 años en la superación de la pobreza, pero es un modelo que requiere ajustes. Su sistema económico articula emprendimiento, subsdiariedad y solidaridad, pero este último rasgo es el más descuidado, y debiese ser acentuado. No podríamos enfrentar una situación de crisis económica como la que estamos viviendo con el coronavirus sino se hubiese contado con los recursos de los que hoy disponemos”, concluyó Faúndez.

Por Natalia Cabrera Vásquez

Facultad Eclesiástica de Teología