28.10.2020
“La actual pandemia COVID-19 ha llevado a cambios inesperados e inauditos en las políticas públicas y en las formas de relacionarnos. Pareciera que en ahora y en adelante nuestros lugares de encuentro están íntimamente ligados a lo virtual. Se nos ha animado a asumir y aprender una nueva normalidad pensada para lo político, lo económico, lo sanitario y lo cultural. Se prevé una cultura pos-pandemia que llevará una impronta de distanciamiento físico y de nuevos y asépticos comportamientos higiénicos. También habría que pensarlo para las formas religiosas y sus expresiones”, informan en su investigación Pedro Pablo Achondo y Cristian Eichin ofm, profesores de la Facultad Eclesiástica de Teología PUCV.
Ambos académicos desarrollaron el artículo titulado “La liturgia ante el riesgo de la virtualidad: Efectos y cuestionamientos eclesiológicos en tiempo de pandemia”, que fue publicado recientemente en la revista científica “Teología y Vida”, medio de comunicación escrito y online de carácter trimestral, perteneciente a la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
“El presente artículo problematiza lo referente a la vida litúrgica y sacramental en el contexto del resguardo por la pandemia del COVID-19. Debido a la proliferación de un exceso de virtualidad que sin mucha reflexión ni profundidad se ha impuesto. Nos hemos propuesto abordar ciertos aspectos teológicos que podrían ayudarnos a reconfigurar la casa/el hogar como categoría central de una vida cristiana doméstica”, señaló Pedro Pablo Achondo.
Los académicos proponen denominar a esta categoría de vida cristiana doméstica, siguiendo a algunos autores, como “caseidad eclesial”. “A partir de ella nos preguntamos por la celebración, la belleza y el encuentro con Dios y la pequeña comunidad. Así mismo presentamos una muestra de lo que a nivel universal y local ha ido apareciendo en cuanto consejos para una vida cristiana en tiempos de confinamiento. Lo virtual parece primar, cuando por un lado no todo creyente tiene acceso a ellas y, por otro lado, difumina la centralidad del cuerpo en la construcción de la Iglesia”, explicó Cristián Eichin.
A juicio de los autores del artículo, "el trabajo teológico debe orientarse a lo que ocurre en la casa, en las relaciones y en la convivencia. Aludir a lo que las personas crean, celebren, vivan y comuniquen los miembros de la familia. La discusión litúrgico-eclesial bajo la comprensión de una caseidad busca salir de una cierta mirada cosmética para entrar en lo profundo de la experiencia de un Dios Vivo y presente en cada relación y encuentro de los discípulos y discípulas de Jesús. Y, junto con ello, resituar la fuerza litúrgica, celebrativa, amorosa y en definitiva mística, de cada cristiano”, concluyen los académicos en su estudio.
Pueden acceder al artículo en el siguiente LINK
Por Natalia Cabrera
Facultad Eclesiástica de Teología
