Investigadores del Instituto de Geografía descubren que antigua araucaria en el sur tiene más de mil años

El hallazgo fue realizado por el equipo del Laboratorio de Dendrocronología y Estudios Ambientales en conjunto con expertos de Canadá y Estados Unidos. Gracias al estudio de los anillos de los árboles es posible analizar el impacto del cambio climático durante largos periodos de tiempo.

11.01.2017

Un importante hallazgo realizó recientemente un grupo de investigadores del Laboratorio de Dendrocronología y Estudios Ambientales del Instituto de Geografía de la PUCV. Sus integrantes descubrieron que una antigua araucaria que se ubica al interior del Parque Nacional Conguillío, en la región de la Araucanía, tiene 1.021 años.

El equipo es integrado por los expertos Isabella Aguilera, Ariel Muñoz, Andrés Moreira-Muñoz, Isadora Toledo-Guerrero, Matías Olea, Gino Figueroa, Fernando Duarte y Pablo Apaz. También participaron en el trabajo un grupo de científicos de las universidades de Montana State y de Arizona de Estados Unidos y de Regina de Canadá.   

Después de medir los anillos de crecimiento en los bosques de araucarias, el equipo de investigadores encontró un ejemplar con más de mil años.

“Este descubrimiento es importante porque en los libros escolares y en el conocimiento popular se ha transformado en una especie de creencia validada de que son especies milenarias, lo que no se había comprobado”, agregó el profesor del Instituto de Geografía, Ariel Muñoz.

La araucaria es una especie considerada un ícono para la conservación en Sudamérica y el mundo. Sus poblaciones han sido fuertemente explotadas en el pasado, reduciendo la distribución de la especie a la mitad en los últimos siglos. Hoy en día sus principales amenazas se relacionan con la inclusión de ganado doméstico en sus bosques, la extracción no regulada de piñones y el cambio climático. Este último fenómeno afecta el régimen de incendios y la disponibilidad de recursos disponibles para la reproducción y crecimiento árbol de este árbol. Recientemente, incluso se ha propuesto como una posible causa de muerte en muchos ejemplares, lo que ha sido observado en los últimos años en estos bosques.  

Al respecto, próximamente el grupo de investigadores publicará un artículo científico en la Revista Tree-Ring Research, considerando que a nivel internacional es muy difícil constatar la existencia de un árbol de estas características con más de mil años.

La especie se encontró cerca del volcán Llaima, uno de los más activos de Sudamérica y sin embargo, estos bosques han logrado mantenerse allí sin ser destruidos por las erupciones.

¿Por qué es tan importante su hallazgo? “Los árboles antiguos nos sirven para realizar reconstrucciones climáticas. Por ejemplo, no tenemos datos de lluvia o de temperatura de hace más de 100 años, pero si contamos con árboles que son verdaderas estaciones meteorológicas en el largo plazo”, agregó Muñoz.

El investigador explicó que si no se riega una planta puede que crezca menos y en la naturaleza ocurre lo mismo con los años secos y húmedos. “Si llueve más, crecerá más y en su interior formará un anillo más ancho, con más madera. Cuando hay menos precipitación estos anillos son más angostos. Hay una relación lineal entre el crecimiento y la humedad”, complementó.

LOS ÁRBOLES SON VERDADERAS ESTACIONES CLIMÁTICAS

El clima durante los últimos 300 años ha cambiado sobre todo por la acción del hombre, pero esto ocurre también de manera natural. En la historia del planeta hemos tenido periodos más fríos y más cálidos que en la actualidad, pero antes de que existiese la humanidad.

“Lo que no tiene precedente es el aumento de la temperatura en un rango de tiempo tan corto. En otros periodos la temperatura ha sido más cálida, pero no había humanos en el planeta y esos incrementos pasaban en periodos muy largos de tiempo. El planeta subía sus niveles durante varios miles de años a diferencia de lo ocurrido recientemente donde en los últimos 100 años hemos tenido aumentos similares a otros periodos geológicos de miles de años”, complementó el académico.

A diferencia de otros registros donde quedan las variaciones del clima en el ambiente como pueden ser los testigos de hielo o los sedimentos lacustres y marinos, los árboles ofrecen una resolución anual, es decir, forman un anillo cada año, el único registro en la naturaleza que tiene tan alta resolución. En ese sentido, se pueden comparar las variaciones a una escala humana, evidenciando cambios climáticos cada 12 meses.  

UNA METODOLOGÍA NO INVASIVA

Otro aspecto que también se puede estudiar son los niveles de contaminación que existían en el pasado. Los árboles tienen la capacidad de absorber los nutrientes y el agua que está en el suelo con la presencia de metales y elementos químicos que se liberan durante las erupciones volcánicas.

“Se extrae una pequeña muestra con taladros de incremento, donde se realiza una pequeña perforación en el árbol del tamaño de una bombilla de cinco milímetros de diámetro. De lo que se saca, se pueden leer los anillos año a año, tratando de que vaya de la corteza a la médula. Después se tapa el orificio con cera de abeja. Así no queda expuesto a la acción de patógenos y no provoca daño”, explicó el profesor Muñoz.

Luego, la madera extraída se tiene que lijar y queda como si fuera un libro, distinguiendo las capas en la madera para analizar cada uno de los anillos. Posteriormente, se lleva la muestra al laboratorio donde están los instrumentos de precisión.

En la naturaleza, los árboles reaccionan de la misma forma frente a los cambios en el clima. “Si uno compara una muestra de una araucaria en la montaña y otra similar en un lugar cercano es posible que en ambas especies el anillo sea el mismo. Uno tiene una especie de validación en los árboles donde se aprecia un mismo patrón de crecimiento a lo largo del tiempo, teniendo una datación perfecta de cada año”, concluyó el investigador.

Por Juan Paulo Roldán

Dirección General de Vinculación con el Medio