Cátedra de Identidad Católica PUCV
Homilía del Cardenal José Tolentino de Mendonça
Misa de inicio año académico 2026.

Link con acceso a la cobertura de la misa de inauguración del año académico 2026
Evangelio del dia 25 de marzo: Anunciación del Señor.
Él eligió a la Madre que ha creado, Él creó a la Madre que había elegido. Con estas palabras el doctor de la gracia San Agustín compendia el misterio que hoy estamos celebrando. Todo Dios que se hace uno como nosotros, en el seno virginal de una mujer, María. Como no invocarle entonces como la piedra fundamental.
Querida comunidad universitaria, profesores que buscan y transmiten la verdad, alumnos que se forman para transformar el mundo. En la Universidad estamos acostumbrados a examinar textos, elaborar teorías, buscar evidencias y a cuestionar la realidad para entenderla.
Hoy las lecturas de la palabra de Dios nos muestran un escenario paradójico. Un llamado a creer y entregar la voluntad aún cuando la razón humana resulta insuficiente ante la inmensidad de un misterio.
San Lucas sitúa claramente el acontecimiento de la anunciación en el tiempo y en el espacio. El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una Virgen comprometida a casarse con un hombre llamado José. La Virgen se llamaba María.
Pero para comprender lo que sucedió en Nazaret hace más de dos mil años, es necesario volver la mirada a la lectura de la Carta a los Hebreos. Ese texto nos permite escuchar una conversación entre el padre y el hijo sobre el designio de Dios desde toda la eternidad. Tú no has querido sacrificios ni ofrendas pero me has preparado un cuerpo. No has aceptado holocaustos ni víctimas expiatorias, entonces dije aquí estoy Dios mío, vengo para hacer tu voluntad.
La carta nos dice que, obedeciendo a la voluntad del Padre, el verbo eterno viene a nosotros para obedecer el sacrificio que supera todos los sacrificios ofrecidos en la antigua alianza, el sacrificio interno y perfecto que redime al mundo, el sacrificio del amor, el sacrificio de sí mismo. Este plan divino de salvación se fue declarando gradualmente en el Antiguo Testamento, de manera especial a través del profeta Isaías, texto de la primera lectura que acabamos de escuchar. El Señor les dará una señal. Es aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, que le pondrá el nombre de Emanuel, que quiere decir el Dios con nosotros.
Con estas palabras se anuncia el acontecimiento sublime que tendría lugar cuando llegara la plenitud de los tiempos, el cual se cumplió con María en Nazaret. Para María lo que acontece es algo completamente inesperado. Y aquí podemos decir que la historia de María es la historia de un Dios que sorprende. Dios altera el curso ordinario de su vida modificando los ritmos establecidos y las expectativas personales. A esa joven y humilde que no vive en los palacios de la riqueza y el poder, sino en aquel pueblecito lejano de Nazaret, la propuesta le parece naturalmente inconcebible sobre todo porque aún no estaba embarazada. ¿Cómo será esto? pregunta pues no conozco varón.
Aquello que el ángel le está anunciando no es solamente algo inaudito sino algo imposible humanamente hablando. Debe por tanto caminar en la oscuridad confiando sólo plenamente en aquel que la ha elegido. Sin embargo a pesar de su temor, de su incertidumbre María no es pasiva. Ella piensa, reflexiona, se deja sorprender y finalmente cuestiona cómo será esto. Su pregunta no es sinónimo de duda, no cuestiona si la promesa es posible, sino únicamente cómo es que se cumplirá.En otras palabras manifiesta su disponibilidad ante el proyecto pero pide ayuda ante la incapacidad de comprender el modo en que se llevará a cabo.
En el entorno académico, queridos hermanos y queridas hermanas a menudo tememos que la fe sea enemiga de la razón. María nos enseña lo contrario, la fe genuina dialoga con la razón. La fe no es un obstáculo para la razón. Nosotros en una Universidad Católica y más Pontificia sabemos que la fe y la razón son aliados. Pueden caminar juntas.
Dice el Papa León IV que no hay que separar el deseo, el corazón del conocimiento. Significaría romper a la persona. La Universidad Católica es un lugar donde las preguntas no se silencian, sino que se acompañan. Allí el corazón dialoga con el corazón. Esto es nuestra misión en la Universidad Católica, que el corazón pasa a dialogar con el corazón.
La duda de María no es por falta de fe, sino deseo verdadero de comprender. El anuncio no anula su inteligencia, sino que la eleva. El no temas escuchado del ángel es la invitación a adentrarse en la Verdad incluso cuando esta supera la capacidad de comprensión lógica. Y entonces Marìa pronuncia su fiat definitivo, he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. La espera de todos los siglos se centra en este instante. De él depende la salvación de la humanidad.
San Bernardo al comentar la anunciación expresa estupendamente este momento trascendental, cuando dirigiéndose a María dice: oíste virgen que concebirás y darás a luz un hijo, oíste que no será por obra de varón sino que por obra del Espíritu Santo. Mira tu imagen, aguarda tu respuesta, todo el mundo espera postrado a tus pies y no sin motivo, porque de tu palabra depende el consuelo de los miserables, la redención de los cautivos, la libertad de los condenados, la salvación finalmente de todos los hijos de Adan, de todo tu linaje, tan pronto tu respuesta.
Así pues, el aquí estoy Dios mío, vengo para hacer tu voluntad y el aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra son las respuestas idénticas que tanto el verbo de Dios y María pronunciaron. Él, al entrar en el mundo, ella al hacer posible que Él entrara, acogiendo su anuncio.
El asentimiento incondicional de la voluntad del Padre por parte de ambos, es para nosotros una invitación. Una llamada a la aceptación de la voluntad de Dios en nuestras vidas, en nuestras propias personas y por qué no decirlo en nuestras instituciones educativas y en nuestra Universidad. La Carta a los Hebreos junto al ejemplo de María nos enseña que los sacrificios antiguos no bastaban. Lo que Dios busca y quiere es la entrega del corazón.
Para una Universidad, este aquí estoy es un llamado a la coherencia. No basta con acumular conocimientos, no basta con ser brillantes en nuestra disciplina si no somos humanos. La encarnación, Dios haciéndose uno como nosotros nos desafìa a que nuestra fe se haga carne, es decir, realidad concreta en nuestro estudio y en nuestra labor. Que nuestros conocimientos no sean sólo para la promoción y el logro personal sino para el servicio a la verdad y a lo demás.
Sin embargo, al igual que con María, Dios no dejará de sorprendernos. Romperá esquemas, pondrá en crisis nuestros proyectos y nuestras seguridades humanas pero Dios es fiel. Él nos dice fíate de mí, no tengas miedo, sal de ti mismo y aceptame, sígueme. Él quiere que nos dejemos sorprender cada día en la sencillez, en la humildad, en la cotidianidad de nuestra vida.
Ahí Dios quiere manifestarse y nos llama a una lectura divina, ser nosotros mismos, con la humanidad que nos ha dado su mirada, su sonrisa, su manos en este mundo. No nos pide cosas imposibles, Dios nos pide cosas grandes, más no cosas imposibles. Solo pide que aceptemos su palabra, que nos guiemos bien, que por nuestro medio lo hagamos presente, lo encarnemos en nuestro mundo.
San Agustin al hablar del rostro de Dios, del cual estamos llamados a ser espejo en este mundo, decía a los cristianos de su tiempo ¿que rostro tiene el amor, que forma, que estatura, que pies, que manos?. Tienen pies que conducen a la Iglesia, tiene manos que dan a los pobres, tiene ojos con los que llega a conocer a quienes están en necesidad. Y refiriéndose a la caridad añadía tenla, abrazala, nada es más dulce que ella.
En la Primera Lectura, el Rey Ajaz se niega a pedir una señal, aparentando piedad, pero en realidad desconfiando de Dios. Isaias le responde que el Señor mismo dará la señal. Una virgen concebirá y dará a luz al Emmanuel, Dios con nosotros.
A nosotros hoy, queridos universitarios, en medio de las aulas, investigaciones y después exámenes, el Emanuel es la señal de que la búsqueda de la Verdad no es solamente un ejercicio teórico. La Verdad es un concepto más no es solo un concepto, es una persona, una experiencia, una vía, un camino, una vida. La búsqueda de la verdad científica, humanista, auténtica, encuentra su sentido último cuando está abierta a Dios y al servicio de la vida, cuándo se convierte en verdadero Emanuel. Dios con nosotros en el laboratorio, Dios con nosotros en la biblioteca, Dios con nosotros en la convivencia social.
Dice el Papa León IV que la escuela católica es un ambiente en el que se entrelazan la fe, la cultura y la vida. No es simplemente una institución, sino un ambiente vivo en el que la visión cristiana impregna cada disciplina y cada interacción.
Por tanto, acojámosle, digámosle también nosotros aquí estoy señor, cúmplase en mí tu palabra, estemos disponibles a su voluntad, que quiere salvar al hombre, también enviarte la colaboración de cuantos hemos creído en Él.
Acojamos con Él a cada uno de nuestros hermanos. La solemnidad de hoy nos invita a seguir las mismas pruebas de fe de María, una fue generosa, que se abre a la palabra de Dios, que acoge su divina voluntad, sea cuando fuere y de cualquier modo en que se manifieste.
Una fe sencilla, que supera las dificultades, las incomprensiones, las crisis, una fe razonable, que cuestiona, busca, pero a la vez se sabe abandonar, sabe confiar verdaderamente. Una fe operante, que alimentada del amor divino acepta colaborar comprometidamente con el proyecto de iluminar todo el género humano.
Así pues, mis queridos hermanos, no claudiquemos, no nos echemos atrás, seamos astros que brillen en el mundo, constelaciones por su unidad, con luz que atraiga y calor que persuada y cooperemos así cada uno a la edificación del reino de Dios desde la propia esfera científica y responsabilidad.
María aceptó el plan de Dios sin entender todo, pero confiando aún más en su palabra. Como Universidad estamos llamados a ese tipo de audacia, porque una Universidad Católica Pontificia tiene una audacia, buscar la verdad con rigor científico y ético, pero con el corazón abierto a la trascendencia.
Que María, sede de la sabiduría nos enseñe cada día a poner nuestra inteligencia, nuestras vidas al servicio, para que para que como el Evangelio, seamos también nosotros portadores de esperanza en nuestro entorno académico, eclesial y social.
Señor hágase en nosotros según tu palabra. Que así sea.
