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Columna: Cuando florece el desierto

Bajo la pluma y conocimiento del académico Andrés Moreira Muñoz, nos adentramos en el valor biogeográfico de este fenómeno y la importancia de su preservación.

El desierto florido es un fenómeno reconocido a nivel mundial que ocurre en Atacama cada 3 a 5 años. Luego de lluvias extraordinarias, usualmente asociadas al fenómeno El Niño, el desierto se viste primero de un verde intenso, para dar paso luego a una variedad de colores desde el blanco al violeta, pasando por todas las gamas de azules, amarillos y rosados.

En sitios que usualmente son un yermo páramo sin vida, surge la vida latente de las semillas, tornando el monótono paisaje en un mosaico botánico de distintos colores. Son las patas de guanaco, los huillis, las añañucas y terciopelos que estaban como semillas, esperando la humedad necesaria para emerger en busca del sol y sus polinizadores. Con las polinizadoras, llegan también los insectos fitófagos, por lo tanto, el período de floración es breve e intenso, dando lugar a una serie de relaciones ecológicas que activan infinitas relaciones aún poco conocidas.

El desierto florido no es un fenómeno fácil de predecir, aunque cada vez tenemos un mejor conocimiento de su recurrencia. Recientemente, los años en que se ha expresado de mejor manera han sido 2011, 2015, 2017 y 2019.

Así es que este fenómeno se expresa de forma diferente cada vez: depende del monto de precipitación, el número de días que precipita en el período, así como la humedad acumulada en el suelo. También en algunos sitios cambia el contenido de humedad en la neblina costera, lo que puede retrasar o inducir una más profusa floración. Los sitios en que aparece varían de una temporada a la otra, también su extensión, y por cierto su duración. En ocasiones, ha durado varios meses y en otras es muy efímero. Ello da cuenta del alto dinamismo de esta interacción entre la meteorología, el suelo y las plantas.   

Mientras avanzamos lentamente en un mejor conocimiento acerca de este fenómeno, que resulta extremadamente importante para el turismo y para la imagen mundial de Atacama, es relevante enfatizar la importancia de proteger los sitios donde ocurre este fenómeno, que, aunque sea en forma esporádica, por su fragilidad requiere medidas de extremo cuidado y protección.

En este sentido, es de extrema significancia la creación del Parque Nacional Desierto Florido, de 30.000 ha., que vendrá a cubrir un largo anhelo de la comunidad botánica y de la sociedad atacameña en general, para proteger mejor uno de los ecosistemas y paisajes botánicos más únicos y atractivos del planeta.

Fotos por Francisca Veas Carvacho.