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Conciertos de Navidad PUCV 2022: Notas al programa

George Frideric Handel (1685-1759) es uno de los compositores barrocos más celebrados de todos los tiempos. A pesar de sus orígenes alemanes, el espíritu cosmopolita de Handel lo llevó a varios rincones de Europa hasta establecerse en Inglaterra de forma definitiva en 1712. Si bien estuvo fuertemente influenciado por la tradición polifónica coral alemana, como atestiguan algunas de las piezas corales de este programa, también tuvo un fuerte influjo del estilo barroco italiano, particularmente del mundo de la ópera italiana, género que cultivó profusamente —compuso más de 40 óperas a lo largo de cerca de 30 años de su vida— y gracias al cual gozó de gran éxito y reconocimiento. Sin embargo, Handel fue mucho más que un compositor de ópera. Incursionó en prácticamente todos los tipos de música disponibles en su época y es en parte este espíritu innovador el que incluso lo llevó a crear nuevos géneros musicales.

En un intento por hacer su música más accesible —y comercial—al público británico, Handel quería musicalizar textos en la lengua inglesa. En 1732, utilizando una obra anterior, presentó con éxito la obra Esther en una taberna conocida por sus presentaciones musicales con un libretto de Jean Racine sobre temas del Antiguo Testamento. Inspirado por el éxito de esta obra musical en inglés, quiso presentarla oficialmente en los teatros londinenses donde regularmente presentaba sus óperas italianas. Sin embargo, la idea llegó a oídos del Obispo de Londres Edmund Gibson, quien prohibió que historias bíblicas fueran representadas en escenarios de esa magnitud. Sin dejarse desanimar por esta negativa, Handel decidió presentar Esther de todos modos, pero en formato de concierto, es decir, sin acción escénica por parte de los cantantes, sin escenografía ni tampoco vestuario. Rápidamente la obra alcanzó una gran popularidad y con ella se inauguraba la forma que hoy conocemos como Oratorio Inglés, de los que Handel escribiría 29 hasta el fin de sus días.

El programa de hoy contempla obras de dos conocidos oratorios de Handel: Salomón y El Mesías. El Oratorio Salomón, compuesto en 1748, es hoy raramente interpretado. Sin embargo, la pieza instrumental para dos oboes y cuerda que da inicio al Tercer Acto de la obra y que hoy abre nuestro concierto a modo de obertura, The Arrival of the Queen of Sheba, ha ganado gran popularidad y nos permitirá escuchar el lenguaje orquestal típicamente handeliano. Por su parte, del oratorio El Mesías, compuesto en 1741 y que cubre eventos de la vida de Jesús en Tres Actos —quizás una de las obras más conocidas de la tradición musical europea de todos los tiempos—, escucharemos cuatro extractos corales: Glory to God, For unto us a child is born, And the glory of the Lord, y el justificadamente famoso Hallelujah, donde podremos disfrutar de la maestría de Handel y su escritura coral, que se consideran como la cúspide del estilo barroco inglés.


La obra Vesperae solennes de Confessore K.339, también conocida como las Vísperas Solemnes, fue la última composición de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) para la catedral de Salzburgo en 1780 antes de irse en búsqueda de nuevas oportunidades artísticas a Viena. La pieza está constituida de cinco secciones basadas en salmos más el Magnificat. El empleador de Mozart, el conservador arzobispo de Colloredo, gustaba que los servicios fueran cortos, por lo que demandaba que la música escrita por Mozart fuera concisa y no tuviera mayores repeticiones del texto. A pesar de estas restricciones, la música producida por Mozart abunda en imaginación creativa. De las piezas que componen la obra, hoy escucharemos la quinta y más célebre sección, Laudate Dominum (Alabemos al Señor), considerada como una de las obras maestras del compositor. El texto procede del salmo 117 del libro de Salmos del Antiguo Testamento y fue utilizado por muchos compositores en varias épocas. El amor de Mozart por la voz de la soprano queda demostrado en líneas melódicas largas y exuberantes que son acompañadas por un sencillo pero hermoso pasaje orquestal que recuerda algunos acompañamientos típicos de guitarra y que en su conjunto revelan el lado más personal del acercamiento de Mozart a la música sacra. 


La enorme cantidad de música producida por Franz Joseph Haydn (1732-1809) durante sus tres décadas como director musical de los príncipes austrohúngaros Esterházy es asombrosa y comprende una larga lista de sinfonías, piezas de cámara, óperas y conciertos. Junto a Mozart y Beethoven, es considerado como uno de los compositores más relevantes del clasicismo alemán. Sus dos conciertos para violoncello, sin embargo, tienen una historia complicada y recién aparecieron en las salas de concierto en el último siglo. Mientras el manuscrito del Concierto No. 1 en Do Mayor sólo fue redescubierto en 1961, el Concierto No. 2 en Re Mayor —que escucharemos hoy— fue atribuido por algún tiempo al cellista Anton Kraft, que trabajaba con Haydn en la corte y a quien la obra esta dedicada. Recién en 1954, Leopold Nowak, director de la División Musical de la Biblioteca Nacional de Austria, sepultó estos rumores publicando un artículo definitivo sobre el manuscrito que ponía a dormir todas las dudas sobre la autoría del concierto.

Haydn creó todo un nuevo mundo sonoro de posibilidades para el violoncello con este concierto, un instrumento que fácilmente podía quedar sepultado en texturas orquestales demasiado densas. En esta pieza, sin embargo, el solista nunca debe forzarse o imponerse a la orquesta, ya que Haydn ha escrito el acompañamiento utilizando una textura sumamente cristalina que permite que todos los registros del instrumento solista destaquen por si mismos, incluso en las zonas más graves y las más agudas, como bien se puede escuchar en las vivas piruetas y escalas del primer movimiento Allegro, que exhibe con gran potencia todas las posibilidades de registro del instrumento. El segundo movimiento, Adagio, muestra un lado más gentil del violoncello, capitalizando en la habilidad nata del instrumento para sostener líneas melódicas con gran lirismo, una habilidad que sería ampliamente desarrollada por compositores posteriores. Por último, el movimiento final, Rondo, parece estar basado en un motivo de caza. En él, Haydn realiza considerables exigencias a la parte del solo, que incorpora pasajes técnicamente difíciles en dobles cuerdas y octavas, lo que no hacen más que sugerir que incluso con el problema de la autoría ya solucionado, el concierto exhibe a lo menos una colaboración entre Anton Kraft, el intérprete original de la obra, y su compositor.


En esta oportunidad el concierto finalizará con una Selección de Villancicos Navideños, arreglo que incluye algunas de las más icónicas melodías de Navidad:
 
Joy to the World, the Lord Is Come
O Tannenbaum
Llegó Noel
Jingle Bells
O Come, All Ye Faithfull
Gloria Cantado, al que Nació
Noche de Paz