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Joyce Maturana Ross, profesora del Instituto de Biología: una de las 20 semifinalistas del Global Teacher Prize Chile 2020

Esta semana se informó la lista de profesores que serán parte de los cinco finalistas aspirantes al premio organizado por Elige Educar, que busca destacar la labor docente, su rol, e impacto en nuestra sociedad.

La quinta edición del premio Global Teacher Prize Chile 2020 incluye, entre sus 20 semifinalistas, a dos profesionales egresados del Instituto de Biología PUCV. Es el caso de la profesora Joyce Maturana Ross, magíster en Didáctica de las Ciencias Experimentales (MDCE), docente de pregrado en práctica inicial, práctica intermedia, práctica final, trabajo de título y seminario de proyecto en el Instituto de Biología PUCV. Asimismo, dentro del sistema escolar, es profesora de Ciencias Naturales en el colegio municipal José Miguel Infante de Quilpué desde el año 2009, realizando clases a niños de quinto a octavo básico.

Al igual que Joyce, también fue seleccionado Pablo Malhue, actual estudiante del MDCE, y quien antes de transformarse en profesor estudió Biología, lo que le proporcionó herramientas para su desempeño profesional como docente de Ciencias Naturales en el Instituto Comercial Marítimo Pacífico Sur, establecimiento escolar municipal, técnico-profesional, con carreras afines a empresas marítimo-portuarias.


Esta nominación de Joyce es un gran reconocimiento que la emociona, ya que se trata de una postulación realizada de manera secreta, a través de Elige Educar, organización sin fines de lucro que funciona al alero del Centro de Políticas Públicas de la Universidad Católica de Chile. El proceso de postulación requiere contestar muchas preguntas acerca de la historia del docente. Por ejemplo, las innovaciones que ha desarrollado, cómo concibe la educación, cuáles han sido sus reconocimientos sociales o cómo está transformando su comunidad.


El viernes 2 de octubre llamaron a Joyce Maturana Ross de Elige Educar para darle la noticia. Le pidieron una fotografía y guardar total reserva sobre su preselección, hasta esta semana, en que se publicaron los resultados. "Obviamente se me llenaron los ojos de lágrimas", comenta la docente, que en estos días se ha sentido muy querida. Ha recibido llamadas y le han escrito amigos, exalumnos del colegio y de la universidad, algunos colegas, sus profesores del colegio, entre otras personas. De cierta manera, es todo un entorno que se siente parte de su historia, y que están felices por el buen momento que está viviendo la sorprendida y emocionada profesora de Ciencias Naturales. Para ella, se trata de un reconocimiento social a la labor que se realiza en el aula, dentro del sistema escolar: "Es destacar nuestro trabajo y el hecho de que uno va un poco más allá de lo que se le pide. Porque se debe realizar clases, planificar, pero este es un espacio que busca premiar a quienes hacemos un poco más", señala la magíster en didáctica y, luego continúa compartiendo su opinión sobre algunas inquietudes relacionadas con este tema, ante las siguientes preguntas:


¿Cuál cree usted que ha sido la clave para llegar a esta instancia?
Hay varios elementos conjugados. Parte de esta trayectoria tiene que ver con los proyectos científicos escolares, con tener los espacios dentro del colegio para crear. Eso no siempre se da en todos los establecimientos educativos. Hay que tener tiempo para trabajar proyectos científicos con los niños; se requiere más tiempo de lo normal, porque un experimento no lo sacas en una hora de clases. Son meses de trabajo, con alumnos, con sus familias, que tienen que dar permiso para que asistan al laboratorio o para que vayan a presentar el proyecto a alguna feria. Ha sido fundamental la confianza por parte de los directivos; es un elemento clave para que uno pueda crear. Que no piensen que estás haciendo cosas inapropiadas o perdiendo el tiempo, sino que realmente estás haciendo algo innovador.


Dentro de mi historia hay mucha gente involucrada. La formación es muy importante; estar siempre actualizándome, un constante perfeccionamiento, conocer historias de otros profes. En mi caso tengo hartos amigos que son del área de la ciencia; a veces, entre medio de las conversaciones surge una idea y eso me da pie para trabajarlo con mis estudiantes.


En resumen: buenos directivos, tiempo, redes, colegas, motivación, ganas de querer cambiar el sistema y de querer hacer algo diferente, algo que abra oportunidades para mostrarles otro mundo a los niños y niñas de los colegios.


¿Qué rol le atribuye a la formación que recibió durante sus años de estudiante, tanto en la experiencia del pregrado como en la del posgrado en el Magíster en Didáctica de las Ciencias Experimentales/ PUCV?
Mi etapa inicial es mi base, son los cimientos, es la disciplina, la rigurosidad. Aprender de la excelencia. Creo que ese es un elemento distintivo del Instituto de Biología, de todos los profesores que participaron en mi formación, y no hay otra palabra para describirlos que no sea la excelencia. Hay una mezcla muy especial en los elementos que se van conjugando, desde la disciplina, con la pedagogía. Uno va construyendo una identidad de ser profesor de Ciencia. No se es un profesor general, sino que eres un profesor de Biología. Eso obviamente te da un sello. Fui parte de la primera generación del magíster. Fue una experiencia que me abrió las puertas al mundo, a creer que uno puede hacer las clases de manera distinta, que puede lograr mucho más en cuanto a aprendizaje en las niñas y los niños, generando clases más atractivas, desde su realidad, no centradas en el contenido, sino en el desarrollo de habilidades científicas, y a partir de eso se van creando oportunidades para la vida. Creo que el magíster da esa oportunidad.


Hoy miro hacia atrás y no me arrepiento de haber invertido tiempo y vida en el magíster, porque esa fue mi plataforma para creer en que uno puede hacer mejores clases, transformar, salir de la clase tradicional. Los pilares del Instituto de Biología y el magíster vinieron a fortalecer todo eso que ya había en mí y a darme la confianza suficiente para innovar.


Como profesora del Instituto de Biología, ¿qué mensaje comunicaría a sus estudiantes, a aquellos profesores en formación, para que en el futuro puedan ir mejorando sus prácticas?
Es un proceso. Primero hay que reconocer que uno está en constante transformación. Como profesor, uno va haciendo apuestas pedagógicas. A veces estas apuestas, en una primera instancia, no funcionan como uno lo ha pensado, pero hay que atreverse a innovar. A confiar en los estudiantes y en sus demandas. Escuchar sus motivaciones y sus intereses.


De pronto uno viene desde el currículum y este currículum es algo distante. Por lo tanto, hay que ir buscando las fórmulas adecuadas para aproximar estos conocimientos a los estudiantes de una manera atractiva. Les daría el consejo de creer en ellos mismos, creer en su formación, creer en que el sistema se puede transformar a través de ellos mismos, que el sistema no va a cambiar solo y que son ellos los encargados de ir proponiendo, que son ellos los que deben hacer apuestas. Es un sistema que va lento. Uno quisiera que mañana fuera todo innovador y que todos hiciéramos ciencia. Eso es complejo, porque no sucede de un día para otro. No sucede porque las personas deben cambiar y ellos, como profesores en formación, son los encargados de materializar eso. Entonces, se trata de empoderarse, de sentir que son capaces de transformar la realidad y de hacer nuevas propuestas educativas.


Llevo doce años en el sistema y no he sido innovadora desde el primer día. Ha sido un camino. Al principio también era más tradicional. Me he ido transformando. Hay que darse un tiempo para ir creciendo, conocer otras prácticas. Creo que eso hace muy bien, ver cómo otros colegas hacen sus clases, cómo motivan a los niños para que participen de manera más activa; darse como esa licencia de ir permitiéndose probar. En el camino se van a cometer errores, pero de esos errores uno aprende mucho.


Pensando en la integración de las regiones ¿qué importancia tiene para nuestra universidad, y en especial para el Instituto de Biología, estar presentes en este tipo de instancias de carácter nacional?
El valor de estar entre las semifinalistas es que ello también da cuenta de una formación que realiza la universidad en nosotros, en los profesores, y que hace una apuesta integrada donde está la ciencia, la pedagogía y la didáctica. Esto permite que muchos profesionales sean reconocidos en el área de la educación.


Eso es muy positivo para la región, porque el premio no solamente está concentrado en profesores de Santiago, sino que hay muchos profesores en Chile que son innovadores, y creo que es muy bueno que se descentralice en ese aspecto.


Para el Instituto es positivo también, porque da a los estudiantes una motivación: ver el reconocimiento que se le hace a su profesora. Ser docente del sistema escolar y trabajar en la formación de profesores es un valor, porque demuestra que uno no sólo habla desde la teoría. Hay varios que estamos conectados, trabajando con niños reales, que tienen conflictos, dificultades, y que uno debe ir enfrentando. Así es que para el Instituto de Biología esto es muy positivo.


Hay un elemento individual, pero la formación es la base. Es muy bueno que los estudiantes del Instituto conozcan esta historia y que se sientan representados, confiados de que están en una institución que los está formando, desde mi perspectiva, de manera muy completa.


¿Recuerda algún profesor/a que la haya inspirado para ser la profesional que es hoy en día y que la haya marcado durante su etapa de formación escolar y universitaria?
Tengo muchos profesores en mi mente. En estos días me he acordado mucho de ellos, porque me marcaron desde lo emocional. Yo veía que les gustaba ser profesores. Recuerdo a los del colegio, por ejemplo. Mi profesora de cuarto básico, la señorita María Soledad Contreras; también la de ciencias, Teresa Páez, con quien, después de titularme, pude trabajar con ella como colega. Patricia Manríquez, Thays Araya, Lourdes Jara, entre otros y otras. En especial me acuerdo de que, en la media, mi profesor de lenguaje, Carlos Díaz, nos hacía teatro. No tiene nada que ver con las ciencias, pero desarrolló en mí una serie de habilidades de comunicación e histrionismo. Toda mi vida he usado el teatro, me transformo en la sala de clases, para mí es un escenario. Esta asignatura formó muchas habilidades en mí que me han favorecido en el tema de la docencia, sin duda.


En la universidad, Corina González es mi líder en el tema didáctico, tiene mucha influencia en quien soy hoy en día. Ella me ha dado la confianza para crear. También fui parte del laboratorio de biología celular con Luis Mercado, donde tuve la experiencia de vivir la rigurosidad científica. Es indudable que todos esos elementos van formando en uno esta personalidad, con historia y crecimiento.


Los profesores que menciono disfrutan el trabajo, tienen espíritu y ganas. Yo también disfruto mis clases y mis proyectos de investigación. Es muy satisfactorio. Al final del día termino agotada, pero es porque entrego toda mi emocionalidad.