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Destacado docente egresado del Instituto de Biología PUCV es uno de los cinco finalistas del Global Teacher Prize Chile 2020

Luego de un cuidadoso proceso de revisión y evaluación, con un jurado compuesto por expertos en temáticas docentes del país seleccionó a cinco finalistas del premio conocido en el ámbito internacional como el “Nobel de la Enseñanza”. El proceso concluirá con la nominación del ganador en este mes de noviembre.

Pablo Malhue Campusano es de San Antonio, Región de Valparaíso. Para él, haber sido seleccionado como uno de los mejores docentes de todo Chile es un importante reconocimiento al trabajo que realiza con sus estudiantes como profesor de Ciencias Naturales en el Instituto Comercial Marítimo Pacífico Sur (INCO), establecimiento escolar técnico-profesional municipal con carreras afines a empresas marítimo-portuarias, donde existe un taller conocido como Academia de Ciencia Escolar Yecos, perteneciente a la Red de academias Explora.

Al poco tiempo de egresar como Licenciado del Instituto de Biología PUCV, Pablo volvió a nuestra universidad para trabajar como docente con el profesor Gastón López y Fernando Torres en materias prácticas de Ecología y Zoología, en la carrera de Agronomía. Pero sus intenciones eran incorporarse al sistema escolar. Cuenta que desde la Quinta Región viajaba a Santiago para asistir a entrevistas presenciales; veían su currículum y le cuestionaban el hecho de no ser pedagogo. Luego, se contactó con casi todos los colegios de San Antonio, hasta que lo llamaron del Instituto Comercial Marítimo Pacífico Sur y lo contrataron inmediatamente. Reflexionando sobre este punto agrega que, generalmente, la gente busca hacer clases en la universidad, pero reitera que su norte no era ese.

La noche anterior a nuestra conversación, Pablo se había dormido pasadas las tres de la madrugada ajustando detalles del trabajo de dos de sus alumnos seleccionados para participar en un congreso. Durante la pandemia muchos profesores han debido desempeñar un trabajo docente lleno de desafíos, teniendo que acomodar horarios, materias y diversas metodologías a las actuales clases virtuales.

¿Cuáles cree usted que han sido las principales razones que lo llevaron a ser nominado para ganar este premio?

Creo que se debe a las actividades extracurriculares que realizamos como academia de ciencia escolar, porque se genera un impacto positivo dentro y fuera del aula . Nuestros estudiantes investigadores presentan sus trabajos dentro del establecimiento, haciendo una gira interna por diferentes niveles y paralelos. De esta manera, ellos comparten sus experiencias. A la vez reciben una retroalimentación de sus compañeros y profesores para mejorar sus presentaciones de futuras participaciones en ferias y congresos escolares . Con la pandemia, no ha sido posible hacer esto, pero estamos preparando cápsulas para compartirlas con la comunidad.

Es un trabajo muy visibilizado aquí en la comuna de San Antonio, porque los problemas de mitigación que trabajan mis estudiantes están muy vinculados a problemáticas socioambientales, sobre todo con los últimos proyectos relacionados con caracterización de humedales urbanos o que tienen que ver con estudios de una especie en particular llamada pilpilén, que producto de la expansión portuaria va a desaparecer si es que el proyecto Puerto Exterior se concreta. Por lo tanto, esto ha sido significativo para la comuna y su gente.

¿De qué manera se presenta este impacto en la comunidad?

Han llegado organizaciones, como el movimiento ambiental Ojos de Mar, que están muy pendientes de nuestros trabajos. Nos han invitado a exponer nuestras investigaciones y mis estudiantes han conocido a las personas de estas organizaciones. Por otro lado, está la fundación Cosmos, de la ribera sur de Santo Domingo, que protege el santuario de la naturaleza, y con ellos trabajamos muy de cerca haciendo mitigaciones del pilpilén, y en la laguna sur colaborando en acciones que ellos desarrollan junto con otros programas. Mis estudiantes conocen muy bien el lugar, tienen un ojo bastante crítico. Por ejemplo, al buscar huevos o nidos de pilpilén, para perimetrar la zona.

¿Cuál es el mensaje que transmiten sus estudiantes a la comunidad?

De que son capaces de tener una actitud crítica y una opinión basada en datos que toman del ambiente. Analizan en función a una hipótesis, discuten y concluyen, de acuerdo a la información que recogen del lugar. En ellos se forma un criterio, porque logran conocer las amenazas y proyectar de qué manera pueden afectar a la comunidad.

Somos un establecimiento técnico-profesional asociado a carreras técnico-marítimo y nos dimos cuenta de que la gente conoce muy poco sobre el océano, sobre las propiedades de este. Generalmente lo tratan como un lugar donde se puede extraer recursos, pero no lo reconocen como un lugar donde se puede trabajar, ser utilizado por el transporte, poseedor de una amplia biodiversidad, que genera la mayor cantidad de oxígeno, más que los humedales y los bosques. Por lo tanto, esas cosas van generando en los estudiantes una mirada crítica, porque justamente los lleva a ellos a reflexionar sobre cómo podrían cambiar la situación, cómo se podría mejorar.

¿Cuál es el avance que usted ve en sus estudiantes?

He visto cómo van transitando a través de la Academia, nombre que está muy bien puesto, porque en el fondo los estudiantes que han llegado a segundo medio y ahora están en cuarto es posible notar realmente cómo han crecido. La Academia no busca solamente desarrollar en ellos un espíritu crítico desde un plano integral, sino que busca desarrollar en ellos habilidades que también les permitan expresar sus ideas de una manera correcta. Hacer investigación es un tema, pero prepararla es otro, porque los estudiantes tienen que desarrollar lenguaje no verbal, expresión, modulación, un poco de inglés también. Sobre todo, se nota mucho el cambio en los que llevan más tiempo en la Academia. Cosa que me genera una contradicción, porque se motivan a tal punto que algunos desean estudiar lo que yo estudié. No quiero influenciar en sus criterios. Quiero que mis estudiantes sean ciudadanos con competencias científicas, que valoren la ciencia como una herramienta para la toma de decisiones. En estos momentos tengo dos estudiantes que quieren postular a cupo Explora para ingresar al Instituto de Biología de la PUCV y estudiar Pedagogía en Biología.

¿Qué importancia le atribuye usted al trabajo con sus estudiantes desde los territorios y cuál es la recepción que recibe por parte de ellos?

El aprendizaje situado en los contextos del estudiante facilita el aprendizaje, porque cuando uno propone un objetivo de trabajo que tiene que ver con su entorno y resolver problemas desde una perspectiva científico-ciudadana local, hay una mejor retroalimentación.

Tengo la suerte de ser profesor de la asignatura Ciencias para la Ciudadanía, en tercero medio, y justamente el modelo que ahora estamos trabajando en el establecimiento tiene que ver con proyectos científicos que impacten en lo local. Me he encontrado con trabajos muy buenos de humedales, de microbasurales, propuestas de energía eficiente en el hogar y de contaminación sonora. Si tú le entregas a los estudiantes las herramientas necesarias y les das la libertad de elegir un tema, es ideal que sea un trabajo localizado en un contexto, porque generas un vínculo con los estudiantes. Por temas de pandemia, me he dado cuenta, por ejemplo, de que los estudiantes comparten esta información con sus familiares. El día de mañana van a conocer mejor su entorno y ser creadores de propuestas que pudieron profundizar.

¿Ha debido enfrentar dificultades durante el desarrollo de estos aprendizajes?

Siento que estoy situado al medio de un gran dilema por un problema que se está gestando en nuestra ciudad. El laboratorio natural donde desarrollo mis clases está ubicado justamente en el humedal, lugar muy importante para la expansión portuaria. Eso es algo que me interesa visibilizar; no solamente el aprendizaje, sino que también los espacios que utilizo para educar. Tengo estudiantes que han quedado en la universidad gracias a trabajos hechos en el humedal, que han sido seleccionados con cupo Explora, porque han estado investigando en este lugar. Temo perder el día de mañana un ambiente que investigo con mis estudiantes, porque está en riesgo. Si el puerto se concreta, el humedal desaparece y se transformaría en un estacionamiento para camiones. Entonces, pienso, qué clase de educación le estamos ofreciendo a los estudiantes. Proteger ambientes, pero si el día de mañana estas empresas que van a contratar a estos estudiantes priorizan progreso por sobre la calidad de vida de las personas.

¿Cuáles serían las buenas prácticas de enseñanza que recomienda aplicar como docentes?

Creo que una de ellas es posicionarte como alguien que siempre aprende, como una persona que no tiene que ser impermeable a las críticas. Me he dado cuenta de que lo mejor es aceptar las opiniones de otras personas de manera respetuosa, porque permite que uno se vea desde afuera.
Otra cosa que recomiendo es generar redes. Cuando eres un profesor que está focalizado en mejorar el aprendizaje, debes buscar siempre nuevas estrategias para perfeccionar tus prácticas como docente. Es muy importante que otras personas puedan ver tu trabajo y que tú también puedas ver lo que evaluaron de otras personas, porque te mantiene siempre actualizado.

También, saber cómo son tus estudiantes, escucharlos, preguntarles incluso cómo les gustaría ser evaluados. Yo suelo preguntar, por ejemplo, si se sienten cómodos con la evaluación, si se evaluaron contenidos difíciles o alguno que no haya sido visto en clases. Lo hago siempre después de una prueba.

Muchas veces uno llega con toda la motivación, con estrategias pedagógicas, y las cosas no resultan. Entonces les diría a los profes en formación o a los que están en sus primeros años que no se les apague esa energía, que no se desgasten; se van a encontrar con situaciones adversas, pero que se pueden resolver.

¿Cuál sería el sello diferenciador de la formación que recibió durante sus años de Instituto de Biología PUCV?

Algo de lo que me he dado cuenta es que los docentes del Instituto de Biología y la mayoría de los docentes de la universidad formados en la U. Católica de Valparaíso son especialistas en lo que enseñan. Tenemos como profesores a expertos actualizados. Sumado a eso son personas muy apasionadas, porque les encanta lo que hacen. Recuerdo muy bien todas las clases de Biología Celular con el profesor Luis Mercado, por ejemplo. También las clases con el profesor Francisco Sáiz Gutiérrez, y lo que más me ha impactado en lo que soy yo como persona es su mirada bastante desarrollada sobre la ecología y la sociedad. Por lo tanto, el Instituto de Biología PUCV tiene en sus asignaturas de perfeccionamiento a especialistas, y eso se nota mucho al momento del egreso. Es muy común encontrarme con colegas de la PUCV que destacan en investigación escolar.

Lo mismo me pasa con el Magíster en Didáctica de las Ciencias Experimentales (MDCE) de la PUCV que actualmente estoy estudiando. A pesar de que llevo un semestre completado, siento que ordenó toda mi cabeza. Yo hacía educación científica escolar, más de 22 veces presentando en distintos congresos, y ya tenía contacto con la ciudadanía. Pero el Magíster me ayudó a entender los fundamentos de la práctica que yo hago; profesionalizó mucho más mi trabajo. Cuando estaba redactando el documento del Global Teacher Prize, justamente utilicé conceptos epistemológicos, pedagógicos, de la didáctica de la ciencia, y no solamente me mostré como docente motivado, apasionado, sino que también como docente profesional.

¿Recuerda algún profesor/a o académico/a que haya marcado su formación profesional?

Del Instituto de Biología, uno de los profesores que más me impactó fue Francisco Sáiz, profesor de Ecología. También hice la tesis con él. Las conversaciones y discusiones del profesor Sáiz iban más allá de la propia ecología. Siempre había algo situado o contextualizado. Si había un problema ambiental que estudiar, era visto también desde la perspectiva de cómo afectaba el humano sobre los ecosistemas. Por lo tanto, pienso que eso generó en mí interés en hacer también una ciencia útil; que esté vinculada con lo territorial, que los temas de investigación de nuestra academia científica escolar sean igualmente temas ciudadanos y desarrollen un espíritu crítico. Sáiz es un profesor que como persona deja un mensaje profundo que impacta a través de generaciones. Cuando tengo que tomar decisiones, sobre todo en el ámbito de la participación ciudadana, me acuerdo bastante de él. Su disciplina, y el enfoque que daba, eran muy interesantes. Cuando yo salía de sus clases, mi cerebro daba vueltas por las temáticas que trataba.

¿De dónde nace su vocación por la enseñanza de la ciencia?

Siempre quise ser profesor, pero la vanidad me superó, porque consideraba que mi letra era muy fea. Recuerdo que cuando estaba en el colegio ayudaba a mis compañeros que estaban a punto repetir el año y me ponía feliz cuando pasaban de curso. Por prejuicio no estudié pedagogía. Decía: cómo voy a poder educar si las personas no entienden mi letra, por la idea que tenía de que la educación se hacía desde el pizarrón. Pero cuando entré a la licenciatura comencé a hacer clases y era ayudante del taller de Biología, en materias más bien prácticas, por lo tanto el pizarrón fue lo que menos usé. Ahora, en el colegio es lo mismo; más que anotar, me interesa que mis estudiantes conserven el conocimiento en sus cabezas.