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Analia Marigliano, concertista en piano e investigadora argentina

“A estas alturas, después de los estudios musicológicos y con el paso del tiempo, la música es una sola”

Por Lun Lee Flores, estudiante de Periodismo PUCV

Paisajes sonoros y emocionales se desprenden de la interpretación de Analia Marigliano y resuenan en el salón del Palacio Rioja de Viña del Mar, a través del blanco y negro de un piano Fazioli y las cuerdas de la Orquesta de Cámara PUCV.

Una obra escrita sobre los versos de Cecilia Meireles que el destacado compositor brasileño Marlos Nobre sella en Concertante do Imáginario para piano y orquesta de cuerdas. Recuerdos que Analia vincula con la naturaleza y un ritmo que, en su forma de ver, “nos mantiene unidos como latinoamericanos”. 

¿Estás estudiando un doctorado en música latinoamericana? 

Luego de mi maestría en Interpretación de Música Latinoamericana Argentina, tomé contacto con diversos compositores latinoamericanos del siglo XX y XXI. Me dediqué durante muchos años a difundir la música académica latinoamericana, como le llaman, de compositores con influencia europea, pero que mezclan esas técnicas con su propio entorno cultural. En este caso, Marlos Nobre, fusiona la escritura europea con técnicas, efectos y sonoridades que responden a su Brasil de origen. También he tocado mucho Heitor Villa-Lobos, Alberto Ginastera y bueno, mi tesis de doctorado está basada en un compositor chileno, Rafael Diaz, quien está componiendo un concierto para piano y orquesta para mi tesis doctoral.

Entonces, ¿existe una diferencia entre música académica y música académica latinoamericana?

Ya a estas alturas, después de los estudios musicológicos y con el paso del tiempo la música es una sola. En realidad, ya no es positivo estar encorsetándola dentro de estructuras, de sinónimos o de características. Es cierto que estos compositores poseen una importante formación cultural a nivel de escuela europea, pero al regresar a su país hay tintes musicales relacionados con su folklore, que a veces puede ser rítmico o melódico.

¿Es un estreno en Chile esta obra?

Esta pieza ya la hicimos en el Hall del Teatro Municipal hace ya muchos años, después la tocamos con la Orquesta Filarmónica de Mendoza en Argentina y ahora aquí. Sin embargo, siempre sentimos que es un estreno, más aún luego de esta pandemia que ya nos tiene casi dos años sin tocar.

¿Qué tan importante es el público para un músico?

La instancia del concierto es única e irrepetible. Es un momento trascendente para el músico, pero también para quien lo está escuchando, porque independiente de que el público sepa o no música, siempre hay un grado de evolución al escuchar, no solamente visual sino espiritual, emocional, psicológico e incluso neuronal. Es un acto de comunión que los músicos sentimos como algo sumamente importante, también es un acto de bondad. Ojalá que los conciertos en vivo no se terminen, aunque haya dos personas escuchándonos, porque ese momento y esa instancia es mágica, irrepetible. La obra después de ser tocada en vivo, asciende, madura mucho más que tocarla veinte veces en un ensayo. 

Cambia

Claro, trasciende. En el concierto aparece un estado creativo que le aporta a la obra algo que es único e irrepetible. Este mismo concierto, tocado tres veces en una temporada será diferente, ya que dependerá de nuestro estado de evolución y nuestra conexión con la música que aportemos en ese instante. 

¿Has podido hablar con Nobre sobre esta interpretación?

Tengo el manuscrito de esta pieza por Marlos Nobre, con quien tengo contacto permanente y se encuentra al tanto de esta grabación e interpretación. Él siempre está muy agradecido de que se pueda seguir tocando su obra, de que se pueda difundir esta música.  El trabajo de Nobre como compositor, pianista y director de orquesta es uno de los más relevantes en la música del siglo XX. 

¿Esto a nivel mundial?

Sí, a nivel mundial. Marlos Nobre es, no me atrevo a dar conjeturas sólidas, pero lo veo como una gran descendencia de lo que dejó Heitor Villa-Lobos. 

¿Habías tenido la oportunidad de tocar un Fazioli?

Sí, muchas veces, por suerte. Tanto la municipalidad como el teatro me han dado la posibilidad de tocarlo y hemos hecho muchos conciertos con la Orquesta de Cámara PUCV. El año pasado hicimos la grabación de la sonata de Beethoven aquí en este piano. Es un instrumento maravilloso.

Uno de los mejores

Sí, hay muy pocos Fazioli en Latinoamérica, es una reliquia y un patrimonio cultural muy grande. Está hecho con maderas del norte de Italia y hay ciertos sectores del piano que están hechos a mano. Siempre lo comparo con un Ferrari, dado el trabajo artesanal que tiene y el sonido que eso entrega. Además, es uno de los pocos pianos que cuenta con cuatro pedales. Una mecánica muy difícil de conseguir en América Latina. 

Es un ejercicio desafiante

Sí, el piano hay que dominarlo. Tiene un doble calado que representa dos niveles de profundidad donde la nota igual suena. Eso permite una paleta de colores muy grande, es como la intensidad de color en un pincel, vas difuminando tonos según el calado. La gama de sonoridades es una paleta cromática enorme, además la durabilidad de la nota se extiende y los Fazioli son los que mayor permanencia entregan.  

¿Sabe Nobre que interpretarás su obra en este piano?

Se llevará una sorpresa cuando sepa que lo grabamos en el Fazioli. Siempre lo hemos grabado en el Steinway.

¿Será una buena sorpresa?

[Ríe] Sí, por supuesto. Además, él es una persona sumamente generosa, estuve en su departamento en Río de Janeiro y la partitura de la pieza está dedicada por él y tengo otra sonata para piano sobre un tema de Béla Bartók que también me la firmó. Yo creo que, para él, que su música siga sonando es algo que la mantiene viva. 

Reconocer la obra en vida

Sí, se establece una comunicación ya entre compositor e intérprete muy valiosa que enriquece mucho a ambos. Es muy bonito realmente y es una fortuna tener un compositor vivo y poder trabajar sobre él.