Opinión: Entre la Cuaresma y la Cuarentena

Por Cristián Eichin ofm, académico de la Facultad Eclesiástica de Teología de la PUCV

19.03.2020

A fines de febrero de este año el Coronavirus llegó a Latinoamérica, confirmándose el primer caso en Brasil. En algunos países de esta región se han tomado medidas ante la propagación del COVID-19, siendo una de ellas evitar las aglomeraciones y reuniones masivas, lo que afecta directamente las celebraciones litúrgicas y encuentros de fieles en este período de Cuaresma.

Desde que se desató la epidemia del Coronavirus, la Iglesia sobre todo en las zonas donde se han detectado algunos casos, ha tomado medidas preventivas de higiene para evitar el contagio de los fieles. Algunas diócesis chilenas invitaron a la población a seguir las instrucciones que vayan difundiendo las autoridades sanitarias del país, a fin de prevenir futuros contagios.

En el caso de Italia, por ejemplo, se suspendieron las misas para evitar el contagio del Coronavirus, decisión que se enmarca en el decreto publicado por el Gobierno, que ha suspendido todas las ceremonias religiosas en este territorio afectado con alrededor de 3 mil muertos, siendo el segundo más afectado después de China.  

En la península itálica las medidas son altamente fiscalizadas. En una oportunidad, por ignorar la prohibición y haber seguido a un cortejo funerario en una pequeña ciudad, unos 50 sicilianos fueron multados. En España también se han cancelando actividades como la catequesis pocos meses antes de que comience el periodo de comuniones.

Ver las noticias sorprende en estos días: fieles privados de las misas, un Papa que se expresa por video, funerales y bodas restringidas. Esta situación de restricción afecta la esencia de la liturgia y de los sacramentos, desde un punto de vista eclesial y teológico, ya que estos ritos, por su realidad, son comunitarios, e implican una experiencia llena de espiritualidad y simbolismos que deben vivirse de manera presencial.

Estamos presenciando un momento histórico diferente, que llama a la Iglesia a ser más solidaria, pero al mismo tiempo a asumir las prescripciones civiles en materia de salud pública. Esta situación ha generado un temor creciente en la población; no obstante, hay que pensar que estos resguardos son excepcionales, pues nos enfrentamos a una pandemia que nos invita a ser solidarios y conectarnos con el mundo, acatando con responsabilidad y de buena fe las recomendaciones de las autoridades civiles.

Estas medidas influyen directamente a los sacerdotes y fieles, pero se ha indicado que la aceptación de estas indicaciones tiene como objetivo contribuir a la protección de la salud pública, siendo un bien superior para la comunidad toda, estando cerca la celebración de Semana Santa que este año probablemente se vivirá de una forma diferente, pero sin perder su valor e importancia de salvación y salud para los cristianos en comunidad.

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