Comunicado del Consejo Superior de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

Ante los graves hechos acaecidos el día viernes 21 recién pasado, de violencia física y verbal, que algunos miembros del Sindicato N° 1 de trabajadores de nuestra universidad protagonizaron al ingresar a la Casa Central con la finalidad de efectuar una “toma” de las dependencias, el Consejo Superior de la Universidad expresa su más enérgica condena. Nadie puede quedar indiferente ni en silencio. Lo contrario sería amparar por omisión los actos de los cuales fueron testigos académicos, estudiantes y sus familias, quienes, con asombro y perplejidad, presenciaron el comportamiento de personas que comparten con nosotros cotidianamente la vida universitaria.

Esta acción, de suyo condenable, tuvo un agravante mayor, ya que en ese momento se efectuaba una ceremonia de graduación de programas de magísteres, momento de particular relevancia para los graduados y sus familias, quienes ven culminados años de esfuerzos y sacrificios compartidos y no merecían tal trato por parte de miembros de la comunidad universitaria. Por ello, se trata de una falta de respeto que afecta la realización más genuina de nuestra labor institucional. En este sentido, hacemos nuestra la Declaración del Consejo de Profesores de la Escuela de Pedagogía, quienes se vieron afectados de forma más directa por lo acaecido.

Pero cabe decir que éste no fue un hecho aislado, sino el culmen de un proceso de varios días de violencia, por parte de algunos manifestantes, que fue aumentando en agresividad, además de la expresión de diversas pancartas, declaraciones y acciones ofensivas a la institución y a las personas, lo que no ha de tener cabida al interior de un establecimiento educacional. La Universidad es un espacio donde se cultiva la verdad, un valor que se sostiene en el diálogo transparente y en razones que se han de expresar de forma genuina, más aún cuando un tratamiento irresponsable de mensajes carentes de veracidad termina en hechos descontrolados como los vividos.       

La violencia es siempre repudiable, pues no hay nada que la justifique, menos al interior de un espacio universitario. La Universidad tiene como misión la formación de personas. En ello estamos todos comprometidos, y los trabajadores no pueden estar ausentes. Su testimonio debe ser coherente con esta tarea; por ello, un acto así no se condice con el carácter de nuestra institución y es inaceptable.

Las diferencias al interior de la comunidad universitaria son legítimas, pero ellas deben ser resueltas dentro de los cauces institucionales, en un clima de profundo respeto que todos debemos cautelar. Los integrantes de la comunidad universitaria saben y reconocen que nuestra Universidad Católica tiene una tradición en favor del cuidado de cada uno de sus miembros, lo que debe ser resguardado por todos, ya que es nuestro mayor patrimonio.

Hechos como los que han ocurrido el viernes recién pasado rompen los valores más identitarios de nuestra Casa de Estudios. De allí que no cabe más que hacer un llamado, especialmente a los trabajadores del Sindicato N° 1 y a todos los integrantes de la comunidad, a cuidar el trato y las relaciones, el respeto por nuestras autoridades y a recapacitar para que nunca más acontezcan situaciones como las acaecidas recientemente. Ello nos daña a todos, sin distinción. Por ello, en vez de retroceder, debemos avanzar en promover acciones que susciten el entendimiento al interior de nuestra universidad, casa de todos y de cada uno.