Académico PUCV participa en proyecto internacional para estimar los impactos del cambio climático en el Océano Antártico

El profesor Juan Höfer de la Escuela de Ciencias del Mar integra un equipo con más de 200 investigadores de 19 países. Recientemente se presentaron los avances de la iniciativa en la reunión COP-26 en Glasgow.

El océano austral o antártico cuenta con una superficie aproximada de 20 millones de kilómetros cuadrados, rodea completamente a la Antártica y conecta los tres grandes océanos de la Tierra (Atlántico, Índico y Pacífico). El agua antártica de fondo es la más fría y oxigenada de todas las aguas del mundo.

El Océano Antártico es globalmente importante para mantener especies clave y servicios ecosistémicos, regular el clima mediante la absorción de CO2 atmosférico conectando los océanos del mundo y el sistema océano-clima. El calentamiento global y la acidificación del mar están afectando la salud y productividad del Océano Austral, lo que afecta a sus servicios ecosistémicos y entre ellos las pesquerías regionales como la del krill antártico.

Los ecosistemas de la Antártica y del Océano Austral están sometidos a una presión creciente debido al cambio climático global y a los impactos humanos directos. Al respecto, es necesario adoptar medidas decisivas e inmediatas para mitigar el cambio climático a escala mundial, así como una gestión eficaz a escala local/regional para proteger estos ecosistemas y sus beneficios para la sociedad global.

El académico de la Escuela de Ciencias del Mar, Juan Höfer, es uno de los integrantes de un amplio equipo de científicos que están desarrollando el proyecto titulado Primera Evaluación de los Ecosistemas Marinos del Océano Austral (MEASO por sus siglas en inglés), el que ha registrado cambios significativos en los ecosistemas del Océano Austral, impulsados por los cambios en el clima y los impactos directos de la acción del hombre.

La iniciativa es una colaboración internacional con más de 200 investigadores de 19 países. Los resultados de esta evaluación y su importancia se expusieron la semana pasada en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) celebrada en Glasgow.  

Sobre el origen de la iniciativa, el profesor Höfer recordó que en 2018 se efectuó un congreso en Australia donde empezaron a armar el proyecto y en junio del siguiente año se reunieron físicamente de nuevo para comenzar con la iniciativa.

“El océano antártico, siempre se deja de lado a nivel global. Afortunadamente el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) comenzó a mirar hacia el sur. A fines de 2021 o principios del próximo esperamos terminar con la primera estimación del estado de los ecosistemas marinos antárticos y cómo están cambiando. Por eso quisimos presentar los primeros hallazgos en la COP 26. Creemos que es muy importante transmitir el mensaje, pues los ecosistemas polares son especialmente vulnerables, tanto el Océano Ártico como el Antártico”, complementó.

FUERTE IMPACTO EN EL CRECIMIENTO DEL KRILL

El profesor Höfer plantea que en el caso de la acidificación de los océanos, que ya se está dando, esto va a ser más intenso en las aguas más frías. “Se ha visto que el krill adulto es resistente a la acidificación del océano pero los juveniles o sus huevos no. El porcentaje de huevos que eclosionan disminuye mucho a medida que aumenta el CO2 y la temperatura del agua. Sabemos que con un aumento de 3 a 4 grados la eclosión disminuye dramáticamente”.

El investigador explica que en el caso del krill vamos a tener adultos, pero la cantidad de juveniles no va a alcanzar a reponer la población. “El otro problema que tiene el krill, que es la principal pesquería en la Antártica, es la falta de hielo marino. Ellos ponen los huevos en verano. Al final de esta estación los juveniles que han sobrevivido quedan en la superficie y usan al hielo marino como refugio para pasar parte del otoño e invierno, pues para los predadores es más difícil llegar ya que no pueden respirar debajo del hielo marino. Los años en que hay poco hielo marino puede ser por condiciones atmosféricas normales, pero con el cambio climático los años con estas condiciones son cada vez más frecuentes. Con menos hielo, los individuos jóvenes que llegan a la adultez son menos”, advierte.

Los colegas que coordinan este proyecto son de Australia y no ha sido fácil llevar a cabo este proyecto, considerando la diferencia horaria de los investigadores que son científicos de países como Nueva Zelanda, Europa, Estados Unidos, Argentina y Brasil, entre otros.  

CONCLUSIONES DEL PROYECTO

El principal desafío es terminar el proyecto que podrían estar a principios de 2022. El primer reporte con los mensajes claves se difundirá en eventos relacionados con la preservación marina. “La idea es influir en el Sistema del Tratado Antártico donde Chile participa. Esperamos llegar a quienes toman decisiones. Tenemos expertos que hablan en distintos idiomas y lo vamos a traducir para llegar a la mayor cantidad de gente posible”, concluye Höfer.

Las conclusiones del proyecto se resumen en tres puntos:

  • Los ecosistemas marinos antárticos están siendo alterados ya al día de hoy. No se requiere esperar 20 o 30 años más para actuar.

 

  • Todavía hay esperanza. No parece que los cambios en la Antártica sean tan dramáticos como está ocurriendo en el Ártico, pero hay urgencia porque tenemos poco tiempo para actuar. “Debemos actuar de forma global para mantener el calentamiento global por debajo de los dos grados. Por encima de ese límite lo más probable es que perdamos la Antártica tal y cómo la conocemos hoy. Hay que intervenir rápido”.

 

  • La actuación a realizar debe tener un doble enfoque. Por un lado, mitigar a nivel global todas las emisiones y vincular esto con una adaptación y una gestión a nivel local/regional dentro de los organismos donde participa Chile: el sistema del Tratado Antártico, o la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA) que designa las áreas marinas protegidas, entre otros. “Es muy importante proteger zonas que serán refugios climáticos en el futuro de la Antártica”.

Por Juan Paulo Roldán

Dirección General de Vinculación con el Medio