Minga Valpo: Un sueño sustentable

En la minga, un grupo humano, vecinos, amigos se vuelcan a una tarea conjunta: ayudar a alguien. Bajo este principio, un grupo de arquitectos PUCV, comenzó en 2014 un voluntariado que persiste hasta el día de hoy y que ha transformado no solo sus vidas, sino también la de los vecinos del Cerro Merced.

Julio de 2019

En abril de 2014 un incendio consumió cientos de casas en Valparaíso, en ese mismo momento, en Ritoque, un grupo de arquitectos y ex alumnos PUCV, se reunía para realizar un curso de construcción en tierra. “Queríamos enseñar a construir viviendas sustentables. Hace 100 años atrás todas las casas eran de barro, calientitas, el material está ahí, es gratis y hay que saber usarlo…veíamos que al entregar estos conocimientos podíamos mejorar la calidad de vida de muchas personas que lo necesitaban”, recuerda Carolina Moraes, arquitecta PUCV, directora de la Fundación Minga Valpo.

El sábado siguiente, las 25 personas que llegaron ese día al curso, se trasladaron al lugar del incendio y emprendieron un proyecto de reconstrucción en base a la eficiencia energética, el reciclaje de materiales, en total concordancia con el contexto que se vivía en esos momentos en los cerros de Valparaíso. Se armó una fuerza humana muy grande. Fue un voluntariado de lunes a lunes por casi un año, levantaron 4 casas, un invernadero, una plaza, entre otros proyectos.

Este grupo de profesionales tenía muchas cosas en común, todos venían de algún trabajo relacionado con el área social, querían ayudar a otros y que el tema de la sustentabilidad se acercara a todos. Muchos habían dejado sus trabajos de lado y querían seguir aportando al entorno, no querían parar. Así, bajo los conceptos de trabajo comunitario, educación y bioconstrucción se forma la Fundación Minga Valpo.

La Ludoteca: La casa de los niños

2014 fue intenso para estos jóvenes, ya que a fines de ese año se realiza en Chile el primer concurso universitario de viviendas sociales sustentables, “Construye Solar” y deciden participar. Ya tenían la experiencia de lo que se estaba haciendo en la reconstrucción post incendio.

En Ciudad Abierta, comenzó a tomar forma la Casa Rukantu, una vivienda sustentable diseñada en función de la energía solar, el barro y con características antisísmicas. El Proyecto del equipo llamado MADE que dio vida a esta casa, unió a estudiantes y ex alumnos de distintas carreras de la PUCV, armando un equipo multidisciplinario formado por: arquitectos, diseñadores gráficos e industriales, ingenieros comerciales, constructores, industriales, civil bioquímicos, civil mecánicos y eléctricos.

La casa obtuvo 6 premios de las 10 categorías, fue un trabajo exitoso, pero ahora, ¿qué hacer con ella?

Por mientras, en los cerros, un grupo continuaba trabajando con la comunidad, ya eran menos personas, pero las fuerzas y el compromiso iban en aumento. “Nos dimos cuenta que nuestro vínculo principal era con los niños, ellos nos hicieron ver que habíamos sido un elemento clave en el proceso de reconstrucción, tanto de sus casas como de sus vidas, les entregábamos un espacio donde pasar el tiempo de manera saludable, entretenida, con talleres artísticos y fomentando el juego”, indica Carolina al recordar qué los motivó a comenzar con la Ludoteca MInga.

Había que hacer algo para los niños del Cerro Merced, pero faltaba un lugar, un espacio para que se pudieran reunir, aprender y jugar de forma segura. Fue en ese momento que la PUCV se hizo presente nuevamente y donó la casa Rukantu al proyecto de la Fundación Minga Valpo, quienes la llevaron a unos terrenos que arriendan a la Iglesia, transformándola en la Ludoteca.

“Y así nace el proyecto de Ludotecas Minga, que ha sido con gran esfuerzo. Surgió algo innovador que es la metodología que ocupamos acá, que tiene que ver con el juego, con la contención de las emociones y con harto trabajo. Teníamos una idea inicial, la aplicamos y la fuimos mejorando con psicólogos, profesores, lineamientos pedagógicos alternativos, de la construcción innovamos al área de la educación”, menciona Carolina.

Ya van 4 años que no han sido fáciles, pero llenos de satisfacción para los miembros de la fundación. Cada día, niños y niñas entre 3 y 12 años participan de los talleres y dinámicas educativas que son dictadas por monitores y voluntarios. En total unos 70 niños participan de martes a sábado de los talleres de cocina, huerto, artes, teatro, lectura, entre otros.

“Junto con mejorar la infancia de un barrio vulnerable, Ludoteca Minga regenera los tejidos sociales de la comunidad, entrega beneficios a todo el barrio. Y vincula a personas de la ciudad, voluntarios, estudiantes, profesionales que quieren hacer acción social”, destacan en la Fundación.

Apoyo Universitario: Estabilidad y crecimiento

En sus primeros años la Ludoteca se financió gracias a fondos concursables, además del aporte de socios que mensualmente colaboraban con su granito de arena, no fue fácil, menos el año pasado. “2018 fue volver al voluntariado, no habíamos ganado proyectos. Yo estuve al borde de firmar un contrato con una inmobiliaria y dejar de lado el proyecto social, era una decisión muy difícil, era muy buena pega, pero era trabajar en algo que no tenía nada que ver conmigo”, recuerda Carolina.

Fue así como comenzaron a golpear puertas, claramente las empresas no eran una opción, el respaldo tenía que ser de una institución que estuviera acorde a sus valores y a su esencia. En ese momento volvieron a la PUCV y consiguieron el apoyo necesario para continuar con este sueño de la “casa de los niños”.

“Los ex alumnos que han dado vida a esta fundación y a esta obra realmente expresan lo mejor de lo que nosotros queremos formar en la Universidad. Son profesionales altamente competentes y además con valores que interpretan totalmente el sello valórico institucional: compromiso con la sociedad y amor al prójimo, valores que se inspiran y basan en el mensaje cristiano. Son un orgullo para la Universidad”, precisó el rector Claudio Elórtegui el pasado viernes 26 de abril, día en que la Ludoteca y la PUCV firmaron un convenio que permitirá continuar con esta iniciativa.

 “Al ser respaldados por una universidad nos sentimos más tranquilos, porque acá podemos investigar, invertir nuestro tiempo con los practicantes, académicos, ex alumnos, se abre una puerta mucho más interesante… Queremos crecer, que sea un espacio para que la universidad pueda hacer vinculación con el medio, relacionarse con la gente. Es un modelo de intervención que ha tenido éxito”, comenta la directora de la Fundación al destacar lo importante que es esta alianza para ellos, ya que no sólo podrán financiar el 70% de los gastos mensuales que tiene la casa y el equipo, sino que también les abre un sin número de opciones para ir consolidando este proyecto que tiene sus bases en la educación desde el juego y la creatividad.

Gracias a esta alianza, la Fundación Minga Valpo ya piensa en más proyectos sociales y comunitarios, quieren que existan más Ludotecas en el país. “Este espacio funciona como un lugar de independencia de los niños, donde aprenden y comparten en autonomía, donde ellos son los dueños de casa. Este es el fundamento de la Ludoteca y su enfoque educativo: se constituye como un espacio propio, seguro y cariñoso donde los niños y niñas pueden afirmar su voluntad y desarrollar su voz”, precisó Cristóbal Hughes, arquitecto PUCV y otro de los fundadores de esta iniciativa.

Formación y vocación PUCV

Quienes comenzaron a mover los hilos de lo que hoy es la Fundación Minga, tienen en común su paso por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, personas que pusieron su voluntad y tiempo para aportar a una comunidad y que reconocen que en su paso por la universidad adquirieron habilidades y valores tan necesarios para afrontar la emergencia de los incendios de 2014.

“Gracias a la Escuela de Arquitectura y Diseño de la PUCV y a su formación académica que nos dio las herramientas y valores para conseguir lo que soñamos, nos entregaron la capacidad de poder realizar las travesías, construir, hacer almuerzos para cientos de personas, organizar enormes grupos de obra, esos fueron los conocimientos y las herramientas esenciales que nos permitieron hacer mingas cuando llegamos al incendio”, afirma Carolina quien se alegra de la llegada de la Universidad al Cerro Merced, relación que les da estabilidad y permite seguir uniendo fuerzas con el sello de esta institución.

Equipo Red Alumni PUCV